Con una mano en lo alto y la otra sobre la biblia, Scott Brown, reclamó este jueves el escaño que durante casi medio siglo ocupó el senador demócrata Ted Kennedy, para convertirse en su inesperado sucesor y sepultar definitivamente la “supermayoría” que se les escurría entre las manos a los demócratas para obligar a la Casa Blanca a redoblar sus esfuerzos para evitar que su agenda del cambio se vea comprometida.
“Vengo sin ninguna agenda oculta. Vengo convencido de la necesidad de terminar con los acuerdos a puertas cerrada y para poner fin a las prácticas que nos han llevado a vivir irresponsablemente y por encima de nuestras posibilidades”, fueron las primeras palabras de Brown, en referencia al déficit que este año escalará hasta los 1.35 billones de dólares y que se ha convertido en el caballo de batalla de los republicanos para acusar a Obama de estar hipotecando a las futuras generaciones.
El primer mensaje de Brown permitió confirmar el sentido de su voto, el número 41, que facilitará a los republicanos la labor de filibusterismo (obstrucción legislativa) para tratar de frustrar cualquier victoria legislativa a Obama, particularmente en aquellas iniciativas que definirán el futuro de su presidencia como la reforma sanitaria, la de regulación financiera, la reforma energética y la reforma migratoria.
La ceremonia de juramentación se adelantó en una semana.
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