Los nuevos roles de poder alcanzados por las mujeres han llevado a muchas a ser víctimas del síndrome “Lady Di”, caracterizado por nerviosismo, inestabilidad, neurosis, colitis, gastritis y estrés, esto de acuerdo con un estudio de la consultoría de negocios Crecimiento Sustentable.
El fenómeno atrapa a latinoamericanas de 30 a 40 años que son madres, trabajan, rompen cánones, confrontan estereotipos y buscan una posición de liderazgo, dice Alfonso del Valle, director de la firma.
Con datos de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Internacional del Trabajo, Crecimiento Sustentable apunta que los síntomas que caracterizan al síndrome “Lady Di” los padece hasta 30% de las profesionistas.
Sombra de un personaje
Ellas, cuenta, enfrentan demandas que las sobrepasan y generan un alto grado de estrés y, en algunos casos, incluso de alcoholismo.
Todo tiene como fondo la cantidad de roles que desempeñan en el trabajo, hogar y sociedad y que pueden resultar muy demandantes, porque en cada uno de estos papeles la mujer se involucra personalmente, opina.
Por ejemplo, laboralmente no sólo busca remuneración sino reconocimiento e inclusión, comenta. Además, las empresas que ocupan a mujeres dan competencias fuertes de comunicación, empatía, solidaridad y trabajo en equipo.
Condiciones laborales
Para que florezcan, hay que generar ambientes cálidos que satisfagan la necesidad femenina de reconocimiento y simultáneamente deben asegurarse de poder responder a las necesidades de rol de sus colaboradoras, y esto va más allá de la flexibilidad laboral.
Pero cuando las compañías no observan las necesidades de su personal femenino, el primer síntoma que se advierte es una guerra fría o “ley del hielo” en el que no se externa la molestia pero que puede sumir en gran apatía a toda la compañía, según el análisis de Crecimiento Sustentable.
Las empresas, agrega, deben estar atentas a que sus colaboradoras estén satisfechas con el trabajo y se les incluya en la organización.
El reto es que se cuente con valores femeninos, masculinos y andróginos para que crezcan las organizaciones: “Personal que labora en la compañía, giro a que se dedica e incluso tamaño y situación geográfica establecen el que existan empresas de uno u otro sexo y andróginos. En cada uno de ellos impera una visión compatible con las expectativas empresariales”.
Cada compañía establece políticas, sistemas de comunicación, planes de carrera y administración que satisfagan las expectativas de sus trabajadores y se incremente la productividad, creatividad, innovación y valores agregados en cada firma empresarial, dijo el directivo.