La artillería del presidente Bashar al-Assad atacó ayer zonas rebeldes en Aleppo y alrededores, preparando el terreno para una incursión violenta en la segunda mayor ciudad de Siria que un comandante opositor ha definido como “la madre de todas las batallas”, y donde Estados Unidos dijo que teme una “masacre”.
Fuentes de la oposición dijeron que los ataques, que siguieron al bombardeo por tierra y aire contra la ciudad, eran un intento de impedir que los combatientes vuelvan a abastecer a unidades rebeldes dentro de Aleppo. “Hay tiroteos al azar para provocar un estado de terror”, dijo Anwar Abu Ahed, comandante rebelde, fuera de la ciudad.
La batalla por Aleppo, que es un importante centro de poder donde viven 2.5 millones de personas, es considerada un punto de inflexión en el levantamiento de 16 meses contra Al-Assad.
Abdel Jabbar al-Okaidi, vocero del Ejército Sirio Libre —integrado por soldados desertores que se han unido a la oposición—, informó que al menos un centenar más de tanques y vehículos militares llegaron ayer y se estacionaron a las afueras de Aleppo.
Los rebeldes también están ultimando detalles para responder a la ofensiva, haciéndose de refuerzos y de armas.
“El cinturón de la muerte rodea a la ciudad”, afirmó el farmacéutico Anas, quien vive allí y se ha quedado para ayudar. “Tengo medicamentos y eso salvará vidas”, señaló.
“Aleppo se convertirá en la batalla decisiva”, consideró a su vez el columnista libanés Amin Kamouriyeh. “Para el régimen es una ciudad con muchos adeptos, mientras que los rebeldes, de tomar el control sobre Aleppo, podrían erigir una ‘zona liberada’ en la frontera con Turquía”.
Victoria Nuland, portavoz del Departamento de Estado estadounidense, expresó el temor de que en Aleppo se produzca “una masacre, y es lo que el régimen parece estar preparando”. Tan sólo ayer murieron 70 personas en todo el país, según cifras de la oposición.